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<p>Tiendas de campaña, toldos y pancartas ocupan desde ya hace varios días la <b>Puerta del Sol y Plaza Cataluña</b>, espacios en los que se concentran las acampadas por del derecho a la vivienda más multitudinarias de España. El Sindicato de Inquilinas cifra ya en más de mil las estructuras instaladas en la plaza madrileña, mientras que en la acampada que comenzó con alrededor de medio centenar de tiendas en Barcelona ya se contabilizan unas 200. En ambos puntos se celebran asambleas y se organizan distintas acciones para <b>denunciar las dificultades de acceso a la vivienda</b>.</p><p><span>Entre quienes han decidido dormir estos días en Plaza Cataluña está </span>Mar, de 28 años<span>, que vive en Barcelona y paga 550 euros mensuales más gastos por una habitación en un piso que comparte con otras dos personas. A su juicio, <b>nadie debería destinar "más del 30% de sus ingresos al alquiler"</b> y lamenta que, pese al precio, la vivienda que comparte tenga importantes desperfectos. </span><span>"Es el alquiler más caro que he pagado nunca y eso que en el piso tienen que mejorar muchas cosas.<b> La caldera chorrea agua, la pintura del techo se está cayendo</b> y el parquet está bufado; sales del lavabo y te tropiezas", explica la campista.</span></p><p>Anabel y Leo, que tienen 26 y 25 años, han acudido a la acampada para apoyar la causa porque, a día de hoy, <b>comparten una única habitación. </b>Él tuvo que abandonar su anterior vivienda y<b> la solución que inicialmente iba a ser temporal se ha alargado</b>. "Estudiando y trabajando a la vez es imposible encontrar piso, te piden mucho dinero y muchas condiciones", explica Leo. Además, ambos trabajan como autónomos y han tenido que convertir esa misma habitación <b>en dormitorio y espacio de trabajo</b>.</p><p><span>En el otro extremo generacional está<b> </b></span>Jorge, de 70 años<span>, que <b>acaba de conseguir una prórroga de su contrato de alquiler</b> y atribuye la decisión a su situación de vulnerabilidad y a que Barcelona "está declarada zona tensionada". Cobra una pensión inferior a los 1.000 euros y destina 500 al alquiler. Ante la posibilidad de tener que abandonar Barcelona,<b> ha llegado a buscar vivienda en municipios de los alrededores de Lleida y Tarragona</b>. "Me dicen que soy otra Maricarmen, pero ella sufrió mucho más", señala.</span></p><p>Leonardo tiene 25 años y vive en Barcelona, aunque ha pasado la noche en la plaza. Tras dos años independizado,<span><b> ha tenido que volver a casa de sus padres</b>. Trabaja desde los 18, pero "con un sueldo de unos 1.300 euros", asegura que no podía seguir pagando 550 euros más gastos por vivir en un piso que compartía <b>con otras cuatro personas</b> y, al mismo tiempo, "<b>llegar a final de mes y ahorrar</b>". Ahora contribuye a los gastos familiares mientras intenta recuperar cierta estabilidad económica: "<b>No me podía permitir seguir así</b>. Por eso he vuelto a casa de mis padres".</span></p><p>Entre los que se encuentran acampados en la capital está Irene, una madrileña de 33 años que tomó la decisión de irse a vivir a Badalona hace tres años en búsqueda de nuevas oportunidades laborales. Allí alquiló un piso con su pareja por 850 euros que "estéticamente" estaba muy bien, pero que en realidad tenía <b>"problemas estructurales muy graves"</b>. Por este motivo, empezaron a buscar otro piso pero sus sueldos de educadora infantil y de director de recursos humanos no se lo permitieron. "Al final lo que hemos tenido que hacer es venir otra vez a Madrid y <b>ahora estamos viviendo en casa de mis padres</b> para poder ahorrar", afirma la joven, que lleva en torno a un mes residiendo nuevamente en la capital.</p><p>Héctor, de 28 años y residente en El Escorial, es otro de los que acampa en la Puerta del Sol para protestar por la crisis la vivienda. A su edad, sigue viviendo con sus padres y sus hermanos en un piso alquilado, pero su casero ya les ha dicho que tiene intenciones de venderlo. "Probablemente <b>nos tengamos que ir a otra comunidad autónoma</b>, porque aquí en Madrid es imposible. No hemos conseguido absolutamente nada", afirma este joven, que ya ha pasado por esta misma situación en ocasiones anteriores. A pesar de eso, deja claro que siempre ha tenido<b> buena suerte con los dueños de los pisos </b>en los que ha residido junto a su familia. "Han sido bastante majos y super correctos", manifiesta.</p><p>Entre ellos también está René, una joven sevillana de 31 años que reside desde hace cinco en Madrid y que <b>afirma sentirse "privilegiada"</b> en comparación con las situaciones que atraviesan otras personas. "Tengo mucha suerte porque mi casero es el padre de una amiga y por eso pago muy poquito, unos 350 euros por una habitación", indica la joven, que llegó a la capital para estudiar teatro y que actualmente es autónoma. "A pesar de eso no puedo acceder a una vivienda. <b>Quiero ser mamá y no puedo planteármelo</b> dentro de poco porque no tengo un lugar", afirma y recuerda que antes de llegar a ese piso vivió en una pequeña buhardilla en la que le faltaba el aire durante el caluroso verano de Madrid y en otra vivienda con compañeras que "no limpiaban nada" y <b>eran "muy guarras"</b>.</p><p>A los ciudadanos acampados en Madrid se suma Will, un joven zaragozano de 29 años que vive desde hace diez en la capital. Está estudiando para ser auxiliar de enfermería, aunque la vida lo ha llevado a tener que trabajar en distintas áreas —incluyendo la hostelería— para poder mantenerse. Actualmente reside en Puente de Vallecas junto con su pareja, quien es autónoma y <b>recibe ayuda de sus padres para poder vivir</b>. Pagan 1.100 euros de alquiler por un estudio con salón, cocina y un baño y afirma que cada año "luchan" para que su casero no les suba el alquiler un 3%. "<b>Es muy probable que me mude a Zaragoza</b> en enero porque es insostenible la situación que hay actualmente en Madrid", asegura.</p><p>Pero no solo los inquilinos tienen problemas, también las personas con hipotecas. Ese el caso de Ana, una mujer de 61 a la que acaban de jubilar por enfermedad y cuyo marido se fue de la vivienda dejándola con una <b>hipoteca de 30.000 euros que no puede asumir</b>. Su hijo vive en Alemania y su hija se independizó hace dos años para irse a compartir piso, lo que le impide poder ahorrar. Ana no está acampando en la Puerta del Sol, pero de todas maneras ha decidido ir a apoyar la causa durante el día con el fin de que se puedan visibilizar todas las realidades de las personas afectadas por el problema de la vivienda.</p>