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<p><strong>Valencia</strong> tiene una facilidad fascinante para prescindir de su historia cuando asfalta sus caminos al futuro. Es un handicap, porque olvida aquello que fue y por tanto puede tender a empequeñecerse, pero también le da la ventaja de la ausencia de melancolía. Si <strong>Estambul o Roma</strong> son la quintaesencia de un pasado glorioso que lo impregna todo, viscosamente,<a href="https://www.elconfidencial.com/espana/comunidad-valenciana/2026-06-01/nuevo-edificios-valencia-sin-vecinos-flexliving_4363572/" target="_self"> Valencia</a> convive con restos imponentes de su propia historia sintiéndolos como cuerpos extraños. Simplemente estaban aquí cuando llegamos.</p><p>Tendrá algo que ver con esto que su gran templo gótico, la <strong>Lonja de los Mercaderes, Patrimonio de la Humanidad,</strong> apenas haya merecido recorrido literario. Ni un especial trato en la jerarquía urbana de la ciudad reciente, más allá de recrearnos con su belleza. Frente al <strong>Mercado Central,</strong> crea un conjunto prodigioso para explicar el músculo comercial de una ciudad que se elevó a partir de entenderse con el mundo.</p><p><strong>Juan Francisco Ferrándiz</strong>, un escritor que casi sin solución de continuidad pasó de ejercer de abogado, compilando pruebas, a armar novelas históricas con las que defender una causa, ha publicado hace unas semanas <a class="apoyo amazonproduct" data-amazon-format="1" data-ecommerce="amazon" href="https://www.amazon.es/Lonja-Seda-Novela-hist%C3%B3rica/dp/8425371686?tag=elconfi-21" rel="nofollow" target="_blank">La Lonja de la Seda (Grijalbo, 2026)</a>. Se ha convertido en una sensación.</p><p>La Lonja siempre había estado ahí, sí, y por ser tan evidente quizá no se había fijado suficiente la atención en una historia con enorme potencia. Ferrándiz, para calibrar, suele calificar aquella Valencia dorada como la<strong> Nueva York</strong> de su época. Y, como derivada, su libro se compara con Los pilares de la tierra.</p><div class="articlephoto news-float-fig"><img class="eclazy news-img-def " src="https://images.ecestaticos.com/S_wHwMRMaoXVRa7TRzbh7fBXTfY=/17x12:1282x1920/498x752/filters:fill(white):format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F527%2Fdf7%2Fd6f%2F527df7d6f9282bc0956f4d7123f61529.jpg" alt="Juan Francisco Ferrándiz. (cedida)" width="498" height="752"><img class="news-img-def " data-src="https://images.ecestaticos.com/S_wHwMRMaoXVRa7TRzbh7fBXTfY=/17x12:1282x1920/498x752/filters:fill(white):format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F527%2Fdf7%2Fd6f%2F527df7d6f9282bc0956f4d7123f61529.jpg" data-original="https://images.ecestaticos.com/S_wHwMRMaoXVRa7TRzbh7fBXTfY=/17x12:1282x1920/498x752/filters:fill(white):format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F527%2Fdf7%2Fd6f%2F527df7d6f9282bc0956f4d7123f61529.jpg" alt="Juan Francisco Ferrándiz. (cedida)" width="498" height="752"> Juan Francisco Ferrándiz. (cedida) </div><p></p><p>Narra la construcción de un templo. En este caso <a href="https://www.elconfidencial.com/espana/comunidad-valenciana/2026-05-17/gran-biblioteca-valencia-hacienda_4355998/" target="_self">civil</a>. Pero, al mismo tiempo, el cambio de rasante en una sociedad. La emancipación que, comercio mediante, comenzaba a permitir desatarse del destino divino como explicación para todas las cosas. Los avances de los personajes de Ferrándiz, cubiertos por un misterio, <strong>son también los de una ciudad en plena ebullición</strong>. Resulta inevitable concluir que olvidar la Lonja es para Valencia una manera de olvidar su importancia. Un olvido pertinente, tal vez, con el que evitar alzar el listón propio.</p><p>Fue hace algo más de una década cuando, en plenos preparativos de su novela La llama de la sabiduría, a Ferrándiz la trama le pidió una escena "que sucedía durante la construcción de la Lonja. Simplemente era una parte en un capítulo transitorio. Pero en ese momento en el que yo busco información es cuando me doy cuenta que ese edificio tiene algo, algo que me atrapa. Pero se queda ahí. Desde 2014 hasta 2024, durante diez años, yo sé que ahí hay una buena historia".</p><p>En junio del 24 le propuso a sus editores que la próxima novela debía narrar la construcción de la Lonja. Sin apenas novelas al respecto, tan distinta esa obra a la de la construcción de un edificio religioso, sus cimientos, en cambio, ofrecían una oportunidad: "Es un edificio ya no sólo bello, del <strong>gótico civil, que representa el esplendor de una época, sino además un misterio constructivo</strong>. Es decir, ese edificio tiene un mensaje. Era increíble poder contarlo".</p><p>"Valencia fue la Nueva York de la época. Yo sé que hay gente que le impacta que lo diga"</p><p>Imbuido en el proceso de investigación, pronto Ferrándiz entiende que lo que tiene por delante es la trama de una transformación severa en los entramados sociales; un cambio de época. La Lonja debía alzarse como un anuncio, un hito en el que situar un nuevo tiempo. "<strong>Una lucha de poderes entre los caballeros</strong> que vivían de glorias antiguas y esos mercaderes que están medrando, que cada vez son más poderosos. Un conflicto, porque los primeros evidentemente no quieren ver cómo llega su ocaso y los segundos no sólo van subiendo, sino que quieren un símbolo que les va a representar", remarca el autor.</p><p><a class="related-link" href="https://www.elconfidencial.com/espana/comunidad-valenciana/2026-05-17/gran-biblioteca-valencia-hacienda_4355998/"><img class="img-related-preview" src="https://www.ecestaticos.com/imagestatic/clipping/586/a42/586a42977dbea49f2e85703d9fc7b8e0/la-gran-biblioteca-que-todos-quieren-en-valencia-de-correos-a-hacienda.jpg?mtime=1778841575" width="483" height="271"><h3 class="title-related">La gran biblioteca que todos quieren en Valencia: de Correos a Hacienda </h3>Vicent Molins. Valencia<div class="text-related">Gobierno municipal y oposición comparten sin querer una idea común: una gran biblioteca para la ciudad. Una explicación al nuevo furor bibliotecario, ¿ocurrencia o buena idea?</div></a></p><p>A la hora de ficcionar, sitúa a personajes llegados de nuevas, producto de la suma de su imaginación y su documentación, con personajes que existieron aunque habían quedado sepultados por el tiempo. Uno de ellos es <strong>el constructor Joan Ibarra</strong>, a partir de ahora una suerte de renacido en la nueva historia de la Lonja. "Suele resumirse con que ‘'a construyó Pere Compte'. Vamos a ver, cuidado. <strong>Pere Compte era ya entonces el gran arquitecto de Valencia</strong> y una obra como la Lonja era evidente que se la tenían que encomendar a él. Sin embargo, es cuando viene lo sorprendente, cuando <strong>aparece un tipo que se llama Joan Ibarra</strong>. ¿Quién es este constructor del que apenas se sabe nada?", sitúa Ferrándiz.</p><p>Apenas a unos metros de distancia, si en el Mercado Central el bullicio es marca de la casa, en la Lonja el silencio acompaña a la experiencia física. "<strong>A mí me pasa, pero además me da la sensación de que cuando la gente entra</strong>, bajan la voz. Hay algo ahí que te hace sobrecogerte siendo un edificio puramente civil". En esa sensación había una pista que escarbar. "La cuestión —sigue Ferrándiz— es que hay un edificio para el comercio, pero parece un templo. Sus puertas, sus símbolos. La puerta que da al mercado, con reptiles, cerdos, alguna escena sexual. Es algo inquietante. Y en cambio la opuesta, la que da al este, donde sale el sol, es toda armonía, es toda una enramada de hojas, todo muy armónico. Nos da casi paz. <strong>Entonces todo eso es lo que encierra la Lonja</strong>. Si en un lado estamos en un lugar oscuro e inquietante y en el opuesto estamos en un lugar de paz, ¿dónde estamos cuando estamos dentro? ¿Cuál es ese lugar intermedio?".</p><p>"El templo para los hombres anuncia (cuando no promueve) la llegada del libre albedrío"</p><p>El templo para los hombres que, tras su piel, anuncia (cuando no promueve) la llegada del "libre albedrío". Esto es, "la capacidad de los humanos de decidir por sí mismos. Iniciar un negocio, arriesgarse en inversiones, escribir, crear cultura. <strong>Atrás queda ese orden sagrado de los nobles militares</strong>, que todo gira en torno a la espada, a la guerra. Hay otra manera de ver el mundo, una manera en la cual uno con talento, mucho esfuerzo y algo de suerte puede llegar a alcanzar hitos que no podría ni haber imaginado al principio. Y de alguna manera eso es lo que representa la Lonja".</p><p>Si la historia relata la construcción de un edificio, sobre el que todo bascula, en paralelo muestra también la elevación de una nueva ciudad. "Valencia fue la Nueva York de la época. Yo sé que hay gente a la que le impacta que lo diga, pero en el fondo, por número de población, por poderío económico, por rutas comerciales, por la cantidad de extranjeros que venían y pasaban, por todo, por el esplendor cultural y arquitectónico. Y en medio de todo ese gran sueño de Valencia se construye el símbolo que nos recuerda que eso pasó. <strong>Fue un sueño, pero fue real y es la Lonja de la Seda"</strong>.</p><p>De ese sueño la ciudad despertó. Y olvidó. Ferrándiz pide a Valencia que recupere la función que la Lonja siempre tuvo, “no tanto en su fin comercial, pero sí en su función como templo para la humanidad”. Que sea algo más que un lugar de paso para visitantes. <strong>Un lugar "donde la sociedad haga cosas"</strong>.</p><p>Una manera de <strong>recordar que hubo una vez en la que Valencia midió tanto como la altura de las columnas de su lonja</strong>. Un listón de exigencia al que, en el fondo, también contribuye la novela histórica que, piedra a piedra, ha levantado Ferrándiz.</p><img src="https://sb.scorecardresearch.com/b?c1=2&c2=7215267&ns__t=1782616520&ns_c=UTF-8&c8=Espa%C3%B1a&c7=https%3A%2F%2Frss.elconfidencial.com%2Fespana%2F&c9=https%3A%2F%2Fwww.elconfidencial.com%2F" width="1" height="1">