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<p>La vida de Souleymane Cissé cambió para siempre en el año 2005. Este maliense había llegado a España en 2001 y <b>tras cuatro años en los que trabajó sin contrato,</b> primero limpiando granjas y después en la construcción, pudo obtener los ansiados papeles en la regularización masiva que tuvo lugar en 2005 en España. Dos décadas después, Souleymane está perfectamente integrado, trabajando en la agricultura y con tres hijos ya graduados en la universidad y una estudiando el Bachillerato. Los primeros años de su proyecto migratorio han quedado solo como un recuerdo de unos sacrificios que dieron sus frutos. </p><p>En el salón del piso donde vivía en Banyoles, <a href="https://www.20minutos.es/tags/deportes/girona.html" title="Girona">Girona</a>, Souleymane llegó a dormir rodeado de siete u ocho compañeros africanos que acababan de llegar a España sin papeles, sin trabajo y, muchas veces, sin un lugar donde pasar la noche. Algunos dormían en colchones improvisados; otros, directamente en el suelo. Él mismo cedía su habitación cuando hacía falta.<b> "La vida era así: hoy yo te ayudo y mañana tú ayudas a otro"</b>, recuerda Cissé hoy, a sus 57 años.</p><p>Antes de llegar a España tras haber pasado por Alemania y Francia, Souleymane había trabajado en el Ministerio de Defensa de su país, pero <b>decidió marcharse cuando empezó a sentir que la situación política se volvía inestable</b>. "Hoy estaba bien y mañana podía estar mal", cuenta. Como miles de personas migrantes a principios de los 2000, inició un recorrido incierto por Europa para conseguir papeles.</p><p>Según explica a <i><a href="https://www.20minutos.es/tags/autores/20minutos-a.html" title="20minutos">20minutos</a></i>, en sus primeros años en España, Souleymane encadenó jornadas de diez y hasta doce horas diarias: "La verdad es que <b>ganaba bastante dinero porque trabajaba muchísimo y casi no tenía gastos"</b>. Vivía con miedo a ser deportado, pero también con el objetivo claro de ahorrar: "Si un día me detenían y me mandaban de vuelta a <a href="https://www.20minutos.es/tags/lugares/africa.html" title="África">África</a>, al menos quería asegurar el futuro de mis hijos".</p><p>Llegó a guardar hasta 30.000 euros debajo del colchón, dado que<b> su objetivo era pagar los estudios de sus hijos</b> para que ninguno tuviera que emigrar como él. "Esa fue mi primera inversión", dice con orgullo. Hoy todos han terminado sus carreras universitarias.</p><p>La vida de Souleymane cambió en 2005, cuando el Gobierno de <a href="https://www.20minutos.es/tags/temas/jose-luis-rodriguez-zapatero.html" title="José Luis Rodríguez Zapatero">José Luis Rodríguez Zapatero</a> impulsó una regularización extraordinaria que permitió a cientos de <b>miles de personas migrantes obtener permiso de residencia y trabajo.</b> "Tener papeles me dio independencia", resume. Pudo viajar a África sin miedo a no poder volver, alquilar una vivienda legalmente, cotizar y acceder a derechos básicos. Empezó trabajando en la construcción, ya con contrato, y después se pasó a la agricultura, pero ante todo, lo que más valora es poder "vivir tranquilo".</p><p><b>España ha llevado a cabo seis regularizaciones extraordinarias de inmigrantes</b> antes de <a href="https://www.20minutos.es/nacional/gobierno-perfila-regularizacion-inmigrantes-tras-las-reticencias-consejo-estado-sobre-algunos-tramites_6957527_0.html" target="_blank">la aprobada por el Gobierno actual en abril</a> y cuyo plazo de presentación de solicitudes termina el 30 de junio. La primera se produjo en 1986 y la segunda entre 1991 y 1992, ambas bajo los gobiernos socialistas de <a href="https://www.20minutos.es/tags/personas/felipe-gonzalez.html" title="Felipe González">Felipe González</a>. El Ejecutivo de <a href="https://www.20minutos.es/tags/temas/jose-maria-aznar.html" title="José María Aznar">José María Aznar</a> impulsó tres procesos más, en 1996, 2000 y 2001. La última gran regularización se aprobó en 2005, con Zapatero en la Moncloa. En conjunto, estas medidas permitieron aflorar administrativamente a más de un millón de personas.</p><p>Esa sensación de tranquilidad aparece de forma recurrente en los testimonios de personas que han pasado años sin documentación. Desde el ámbito jurídico y social, la abogada Ainhoa Echeverría, que acompaña a <b>solicitantes de asilo </b>y personas migrantes en procesos de regularización, asegura que la irregularidad condiciona todos los aspectos de la vida cotidiana. "Una persona sin papeles vive intentando ser invisible", explica.</p><p>El <b>miedo a una posible expulsión lleva a muchas personas a evitar denunciar delitos</b>, alquilar viviendas o acceder a determinados servicios públicos. "Su vida acaba reduciéndose a sobrevivir día a día y encontrar la forma de mantenerse", señala.</p><h2>El precio de un contrato</h2><p>Alahi Mohammad Fazle muestra con orgullo su DNI español en una calle de Lavapiés, el barrio donde ha desarrollado su vida en los últimos 20 años. Al igual que Souleymane, este bangladesí de 48 años obtuvo los papeles en 2005 por medio de la regularización extraordinaria de ese año. Desde entonces, Alahi, que <b>antes de emigrar de su país natal trabajaba como programador informático</b>, trabajó durante años en la hostelería, estudió en la universidad para, finalmente, dedicarse durante 17 años al trabajo social para el <a href="https://www.20minutos.es/tags/instituciones-empresas/ayuntamiento-de-madrid.html" title="Ayuntamiento de Madrid">Ayuntamiento de Madrid</a>.</p><p>"Trabajaba como intérprete en el Centro Comunitario Casino de La Reina para ayuda a la gente inmigrante porque <b>hablo bangladesí y también bengalí, urdu, hindi e inglés",</b> declara Alahi, que actualmente recibe una pensión tras recibir la incapacidad permanente por una lesión en la pierna que le obliga a apoyarse en una muleta.</p><p>En 2013 había <b>ahorrado lo suficiente para poder traer a su mujer desde Bangladés</b>. La pareja ha tenido dos hijos, ambos nacidos ya en España. "Ahora está bien, todo bien. He aprendido a luchar y mi mujer también. Mis hijos y nosotros tenemos amigos españoles y mi Alá me he dado la fuerza y energía para luchar y compartir mi vida con ellos".</p><p>Antes de 2005, Alahi cuenta que<b> llegó a España después de atravesar doce países.</b> Había migrado soñando con llegar algún día a <a href="https://www.20minutos.es/tags/lugares/canada.html" title="Canadá">Canadá </a>o <a href="https://www.20minutos.es/tags/temas/estados-unidos.html" title="Estados Unidos">Estados Unidos</a>, pero terminó encontrando en España algo distinto: "Amistad, integración y esperanza". Pasó por pueblos industriales donde no entendía el idioma y, según explica, <b>llegó a estar detenido durante 72 horas</b> porque la Policía no encontraba un traductor que pudiera comunicarse con él: "No hablaba español y apenas podía explicarme".</p><p>Con el tiempo empezó a trabajar en fábricas y almacenes, muchas veces en condiciones extremas. <b>Jornadas de 14 o 16 horas, salarios bajos y pagos en efectivo eran habituales. </b>Pero lo más duro llegó cuando intentó regularizar su situación. "Había que demostrar años de residencia, presentar documentos, hacer colas interminables y, sobre todo, conseguir un contrato", rememora.</p><p>Ese contrato se convirtió en el gran negocio alrededor de las regularizaciones extraordinarias, en su caso, también la de 2005. <b>Denuncia que muchas personas migrantes pagaban miles de euros a empresarios, intermediarios o mafias</b> para obtener un documento que les permitiera acceder al proceso. "Yo pagué 7.500 euros porque no tenía otra opción", asegura. "Había gente pagando 10.000 o 12.000 euros". En muchos casos, ni siquiera llegaban a trabajar realmente para la empresa que les hacía el contrato.<b> "Todo era un negocio montado sobre la necesidad de la gente", </b>añade.</p><p>Alahi asegura que las situaciones más vulnerables las sufrían las mujeres migrantes. <b>"Hubo mujeres que soportaron abusos sexuales</b> o situaciones de explotación para conseguir papeles, eso es algo que no se cuenta lo suficiente", remarca. Años después, esa experiencia le llevó a implicarse en movimientos sociales y colectivos de apoyo a migrantes. Hoy forma parte de la asociación Valiente Bangla y participa en campañas por una regularización extraordinaria sin condiciones.<b> "No debería depender del dinero o de mafias el derecho a vivir legalmente", </b>afirma.</p><h2>Estabilizar una familia</h2><p>Las primeras vacaciones pagadas de Adriana Ardila en España fueron cuatro años después de llegar desde su Colombia natal. Maestra de formación, Ardila, que ahora tiene 55 años, llegó a España con 26 junto a su marido y sus tres hijos. Durante sus primeros años en el país <b>encadenó empleos de limpieza, cuidados y trabajo doméstico mientras intentaba sostener económicamente a la familia</b>. "Llevaba a mis hijos al colegio, cuidaba un bebé, limpiaba y preparaba comida para una familia. Dos veces por semana también iba a planchar a otra casa", recuerda. "Muchas veces" era ella quien aportaba los ingresos más estables porque a su marido le costaba encontrar trabajos regulares.</p><p>Su principal preocupación era la falta de estabilidad económica, pero también sobrevolaba el miedo una posible expulsión: <b>"Siempre estaba esa sensación de estar ilegal y que pudieran separarnos como familia".</b> Recuerda además la dificultad para acceder a información fiable durante los trámites de regularización de 2005: "Había abogados que cobraban por cosas que eran gratis". En su caso, el apoyo de entidades sociales fue clave para presentar la documentación necesaria.</p><p>Echeverría, que es jurista especializada en políticas y gestión de la migración y el asilo español,<b> considera que esta situación no es excepcional</b>. Según su criterio, el propio sistema de extranjería empuja a muchas personas a largos periodos de irregularidad: "España acaba obligando a muchas personas a entrar en situación irregular para luego intentar regularizarlas años después".</p><p>La obtención de los papeles para Adriana supuso lógicamente un punto de inflexión. <b>La familia pudo alquilar una vivienda propia,</b> acceder a empleos más estables, comprarse un coche -"un Fiat pequeñito"- y <b>dejar atrás años de precariedad.</b> "La regularización nos devolvió la dignidad como personas y la tranquilidad de sentir que pertenecíamos a esta sociedad", afirma. </p><p>"Yo enseguida que tuve papel, documentos, me inscribí en varias ETT. Y justamente por el periódico estaban solicitando una secretaria que supiera algo de Excel, de Word... Me presenté a la entrevista y al mes o a los dos meses como mucho estaba ya trabajando", recuerda Ardila, que estuvo en ese puesto durante dos años y después se lanzó junto a su marido, que estudió Economía en Colombia y también regularizado en 2005, a <b>regentar una panadería.</b></p><p>"Para él fue mucho más cambio que para mí. Él trabajaba de manera informal en la construcción y hubo veces incluso en las que no le pagaron. Después de la regularización encontró trabajo rápidamente en una harinera y luego se vino a trabajar conmigo a la panadería", declara Ardila, que después de este negocio <b>empezó a trabajar en una fábrica de molinos eólicos</b> como operaria hasta alcanzar su actual puesto en el departamento de calidad. </p><p>Hoy <b>sus tres hijos han completado sus estudios universitarios</b> y han formado sus propias familias. Uno de ellos decidió dedicarse profesionalmente al acompañamiento de personas migrantes. "Nosotros, cuando decidimos venir, era la peor etapa de Colombia, no había mucho trabajo y la violencia era un caos completo", recuerda Ardila. "Queríamos venir, sobre todo por los niños, salir de esa situación. Nunca quisimos estar irregulares, pero nos vimos así nada más llegar y la regularización para nosotros fue una bendición".</p><h2>La otra cara de las regularizaciones</h2><p>La regularización extraordinaria de 2005 permitió que cientos de miles de personas salieran de la economía sumergida y empezaran a cotizar legalmente. Pero quienes vivieron aquel proceso también recuerdan sus dificultades: <b>explotación laboral, mafias, contratos fraudulentos y abusos</b>.</p><p>"Buena parte de las personas migrantes terminan atrapadas en una situación administrativa precaria porque las vías ordinarias para obtener permisos de residencia resultan insuficientes o están desactualizadas", añade Echeverría. A su juicio, las regularizaciones extraordinarias aparecen precisamente para corregir esas disfunciones. <b>"Son una forma de poner el contador a cero cuando el sistema se satura",</b> afirma. Sin embargo, advierte de que estos procesos suelen desarrollarse con plazos ajustados e información insuficiente.</p><p>Por su parte, Souleymane apunta que "sin papeles puedes trabajar mucho, pero siempre vives con miedo". A veces trabajaba también<b> limpiando establos por las tardes después de terminar la jornada principal</b>. "Tenía doble o triple trabajo", recuerda. Pese a ello, insiste en que España fue el país europeo donde se sintió más tranquilo. "En Alemania o Francia la Policía te pedía los papeles constantemente. Aquí no".</p><p>Esa sensación de relativa tranquilidad hizo que decidiera quedarse definitivamente y con el tiempo, <b>empezó también a ayudar a otras personas recién llegadas.</b> Compartía vivienda, comida y contactos laborales. Incluso convenció a algunos empresarios para contratar a compañeros sin papeles y ayudarles a regularizarse. "Hoy muchos tienen coche, piso y hacen su vida tranquilos", cuenta orgulloso.</p><p>La falta de documentación también multiplica el riesgo de sufrir abusos. Echeverría explica que las personas en situación irregular son especialmente vulnerables a la explotación laboral y residencial.<b> Muchas trabajan sin contrato, sin cotizar y por salarios inferiores a los establecidos legalmente</b>. Otras se ven obligadas a aceptar alquileres abusivos o habitaciones en condiciones precarias porque no pueden acceder a una vivienda a su nombre.</p><p>"La irregularidad empuja a aceptar situaciones que otras personas rechazarían", sostiene. A ello se suma el <b>miedo constante a ser denunciadas o identificadas, </b>una presión que, según explica, favorece el silencio frente a abusos y vulneraciones de derechos.</p><p>A pesar de las dificultades, los tres coinciden en que regularizar su situación cambió sus vidas. <b>Para la jurista, obtener un permiso de residencia significa recuperar tranquilidad, estabilidad y dejar de vivir con el miedo</b> constante a una posible expulsión. Y veinte años más tarde, sus historias son un espejo de algunos desafíos que afrontan miles de personas migrantes en España.</p><p>Si quieres contactar con <b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><i><a href="https://www.20minutos.es/tags/instituciones-empresas/20minutos.html" title="20minutos">20minutos</a></i></b>, </b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b><a href="https://www.20minutos.es/comunicacion/ciudadano20-20minutos-algo-que-contar-envianos-tu-experiencia-dejanos-aqui-tus-comentarios_6926558_0.html" title="Ciudadano20 | ¿Quieres contarnos algo o que investiguemos algún tema? Este es tu buzón"><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b><b>realizar alguna denuncia o tienes una historia que contarnos, puedes escribir a través de Ciudadano20</b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></b></a> o contactarme personalmente a mi correo: <i>sofia.puvill@colaborador.20minutos.es</i>. 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