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<p dir="ltr">Cada ciudad tenía unos <strong>Babel</strong>. Último reducto de un <a href="https://www.elconfidencial.com/cultura/cine/2026-04-30/resurrection-bi-gan-pelicula-blade-runner-chino-cannes_4346601/" target="_self">cine con identidad</a>, vinculado a un barrio. Un cine de aficionados al cine. Sí, el típico cine de tu ciudad que saca pecho de no permitir palomitas en la sala y hace del silencio una cuestión de estado.</p><p>Valencia también tenía los Babel, tomados desde los años noventa y perpetuados por los dos mil como <strong>un cine cultureta capaz de sostener la bandera del entendido</strong>. Dónde ibas a ver la peli iraní del año. O la última de <a href="https://www.elconfidencial.com/cultura/cine/2024-05-22/sorrentino-cannes-parthenope_3887364/" target="_self">Sorrentino</a>, lubricada muchísimo mejor con el aura de estas salas justo al cruzar Mestalla, camino al Túria. Era frecuente justo allí encontrarse con <a href="https://www.elconfidencial.com/espana/comunidad-valenciana/2022-05-28/quien-conoce-a-rafa-lahuerta-el-autor-que-revoluciono-valencia-con-la-novela-noruega_3432479/" target="_self">Rafa Lahuerta</a>, el escritor amamantado del estadio al cine.</p><p>Versión original, silencio, sin palomitas… Ese marchamo de café para muy cafeteros colisionó al atravesar el zaguán de año Covid, donde tantos de los que entraron renqueantes ya no salieron. <strong>Los Babel eran carne de cañón</strong>. Parte de la infraestructura cultural de esta ciudad, de tantas en España, absolutamente condenada.</p><p>Nada más lejos de la realidad. Un domingo por la tarde, pero también un martes cualquiera, la cola de los Babel (de butacas no numeradas) crea en su sala de espera un ir y venir de vecinos pendientes de que en la pantalla salga el verde. <strong>Cada vez más eventos, entre lo más refrescante de la urbe, tienen parada aquí.</strong></p><p>Sus directores, casi como quien descubre un hallazgo para el que no hay explicación, deben atender a quienes les reclaman el secreto de su cambio. Ellos son <strong>Guillem Beltrán y Leví Navarro</strong>, rostros nuevos que, tras rodarse en otros cines más pequeños, vieron una rendija donde los demás solo detectaban problemas. Aliados con <strong>Antonio Such</strong>, responsable histórico del cine, comenzaron a darle la vuelta al Babel.</p><p><a class="related-link" href="https://www.elconfidencial.com/cultura/cierto-desconcierto/2026-04-29/michael-jackson-biopic-musica-mito-1hms_4346927/"><img class="img-related-preview" src="https://www.ecestaticos.com/imagestatic/clipping/efe/b30/efeb3010f107b9b69162f594a342da64/moonwalk-moral-con-michael-jackson-por-que-su-biopic-llena-las-salas-de-cines.jpg?mtime=1777461132" width="483" height="271"><h3 class="title-related">'Moonwalk' moral con Michael Jackson: ¿por qué su biopic llena las salas de cines?</h3>Santiago Isla<div class="text-related">'Michael', la cuestionada película sobre el Rey del Pop, ha facturado 217 millones de dólares en el fin de semana de su estreno, una cifra récord. Y eso, a pesar de las muchas sombras que rodean al mito</div></a></p><p>La fórmula ejemplifica a las claras el mismo reto al que se enfrentan muchos comercios e iniciativas emparentadas con la cultura. <strong>El tiempo de vivir de la marca, acabó</strong>. El monocultivo, no basta. Si los <strong>Phenomena de Barcelona son un caso de éxito europeo</strong> y, justo por eso, en la cresta de la ola, han acometido una amplia reforma para ir acorde a una socialización distinta, sin dejar de ser lo que son, los Babel hicieron un diagnóstico que partía de su reconocimiento previo. Contaban con una clientela de nicho fiel que valoraba su apuesta por la versión original; también su credibilidad como prescriptores del cine. Eso estaba bien, pero debía ser el punto de partida y no la estación de llegada.</p><p>La nueva gestión impulsó en pocos meses una modificación de las coordenadas del cine que implicaba, sin cambiar su base, cambiar todo lo demás. <strong>Los Babel serían el cine donde pasan muchas más otras cosas</strong>. Esa diversificación no iría en detrimento de la apuesta cinéfila, sino que la reforzaría. Esa era la teoría.</p><p>La práctica comenzó andar a partir de la implicación de nombres como los de <strong>Horma Estudio, al frente del interiorismo; de Pau Orts en el nuevo desarrollo gráfico; Antonio Ladrillo en las ilustraciones; Vicente Orts y Lebrel en el mobiliario… </strong>Colateral al cine, su bar, antes una cafetería sin demasiada relevancia, ahora tiene una personalidad pareja, y con <strong>Javier Blasco en la cocina se ha convertido en lo más parecido a una gran sala de reunión cultural</strong> diaria, donde se incluye una mini librería a cargo de <strong>Bangarang</strong>. Además es habitual que sean sede de eventos creativos como las PowerPoint Party o los encuentros de Las Entendidas.</p><p>Pareciera que los Babel simplemente estaba esperando a que llegara su momento, sin reparar en todas las condiciones que estaban en su contra, mientras la homogeneidad y despersonalización urbana ganaban paso. Aquello que parecía un handicap, ahora es hoy una ventaja. La necesidad en aumento del encuentro físico, la exigencia mental de encontrar desapego digital, la <strong>creciente normalización de la versión original</strong> o la búsqueda de espacios que sellen una mayor pertenencia con la propia ciudad, ahora juegan a su favor.</p><p>El cine de los culturetas, en apariencia destinado a solo un nicho, es un caso sobresaliente para detectar cómo el capital cultural puede conectar con sus entornos y asegurar su viabilidad. Agoreros, los Babel están más vivos que nunca.</p><img src="https://sb.scorecardresearch.com/b?c1=2&c2=7215267&ns__t=1777694289&ns_c=UTF-8&c8=Espa%C3%B1a&c7=https%3A%2F%2Frss.elconfidencial.com%2Fespana%2F&c9=https%3A%2F%2Fwww.elconfidencial.com%2F" width="1" height="1">