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<p>El sueño no era solo estar en la gran final en Nueva York/Nueva Jersey. El sueño era volver a casa con dos estrellas, con una Copa del Mundo que se le había resistido durante 16 años, desde que en Sudáfrica 2010 todo un país vibró con una histórica generación de futbolistas. <b>Ya no son los mismos, pero el talento también es descomunal</b>. Tanto como para plantar cara y doblegar a la –hasta ahora– campeona del mundo, que también tenía un sueño, despedir a la leyenda Messi rompiendo la ‘maldición’ del campeón al alzar su segundo título consecutivo. Pero no podían ser los dos. Ganó el fútbol, la pasión y la furia española. Ganó la Roja, con un solitario gol de Ferran Torres. <b>Y el sueño se hizo realidad: España es campeona del mundo</b>. </p><p>Los nervios se apoderaban de la afición en toda España y en Nueva York. <b>Pero el vestuario estaba tranquilo</b>. Sobre todo De la Fuente, que apostó por<b> su once de confianza</b> –de nuevo Fabián por delante de Pedri–. Al otro lado, ya había avisado el riojano, había más temor: Scaloni revolucionó el suyo. Hasta tres cambios metió el técnico argentino: Montiel, De Paul y Nico González, por Nahuel, Paredes y Giuliano Simeone. Pero ni plagar su centro del campo le sirvió para discutirle el balón a la Roja. </p><p><b>Arrancó España dominadora. Como de costumbre</b>. Le bastaron tres minutos para lanzar el primer aviso. El destino le reservaba el honor a un Lamine Yamal con ganas de tener, por fin, su partido en este Mundial. Tuvo en sus botas el primero cuando Olmo le dejó de cara un pase desviado que partía del propio Lamine, pero <b>el disparo cruzado abajo que dejó el joven extremo tocó en Lisandro Martínez</b> y se quedó en los pies del Dibu. En la jugada siguiente, otra llegada con peligro del '19', que quiso encontrar atrás un compañero y no tuvo suerte. </p><p><b>Respondió a la contra la Albiceleste. Y dio el susto</b>. Pero estaba atentísimo Unai Simón para salir con valentía de su área y despejar un balón que habría dejado solo a Julián Álvarez en el mano a mano. Poco más se vio de Argentina en fase ofensiva, porque España tomó el balón y la encerró en su área, dejándole solo como armas las contras –ni una clara pudo armar– y el balón parado –apenas tuvo un par de faltas para colgar–. Todo iba según el plan de De la Fuente. <b>España dominaba al ritmo de un Rodri Hernández estelar</b>. De lejos, el capitán fue el más entonado, el que le dio sentido a la Roja en todo momento y el líder que necesitaba la selección. Llegó a todo y lo hizo todo con sentido. Por algo tiene un Balón de Oro y por algo se llevó también el del Mundial 2026. </p><p>Merodeaba España el área, pero <b>Argentina se sentía muy cómoda defendiendo</b>. Tocaba ser paciente y la Roja lo fue. Su oportunidad llegó al borde del descanso: primero la tuvo Oyarzabal, que pegó de primeras desde la medialuna un balón que le dejaba Olmo, pero le salió centrado y el Dibu sostuvo a la Albiceleste; después, sorprendió Cucurella, con un zurdazo desde fuera del área, cruzado y abajo, que se fue cerquita del palo. <b>Tocaba seguir esperando, aún quedaban 45 minutos por delante</b>. </p><p>Volvió al césped enchufada para abrir la lata. Lo tuvo en sus botas Baena, en una recuperación de la Roja en tres cuartos, pero le salió un disparo blandito que el Dibu mandó a córner.<b> Y entonces, la batalla pasó a los banquillos</b>. Scaloni había reaccionado al recital de la Roja con un cambio al descanso, Paredes por Nico González, y eso había asentado a la Albiceleste, que ganó control y empezó a acercarse. Hasta que De la Fuente contestó: <b>entraron en escena Pedri y Ferran Torres, por Fabián Ruiz y Oyarzabal</b>. Funcionó la apuesta del riojano y España recuperó el dominio con facilidad. El canario dio a la Roja estabilidad, fluidez, mientras el valenciano sembraba el caos en el área con su continuo movimiento sin balón, impidiendo a la zaga argentina marcarle. </p><p>Y el peligro volvió al área del portero del Aston Villa. <b>El baño fue tal que llegó un punto en que los datos dejaban en evidencia a Argentina:</b> 16 remates, 11 a puerta, por los cero y cero de la Albiceleste. Solo le faltaba a España creer, disparar con más convicción, porque ya llegaba con peligro. Lo tuvieron Olmo, Pedri y Ferran, pero todos acabaron en el Dibu. </p><p>Entonces, el partido entró en el tramo decisivo. Los últimos 10 minutos. Cuando nadie quiere equivocarse. Y España fue valiente. Siempre hacia delante, mientras Argentina esperaba su momento, como había hecho en los 80’ anteriores. Los últimos 10' empezaron con un testarazo de Laporte y siguieron con <b>una amarilla a Enzo Fernández que terminaría siendo decisiva</b>: en el descuento, el centrocampista del Chelsea dejó la pierna en un balón dividido con Cubarsí y el árbitro lo tuvo claro, <b>segunda amarilla y a la calle</b>. Protestó Argentina, acostumbrada a la permisividad arbitral, pero el VAR no corrigió al árbitro y tuvo que seguir con uno menos. Tras el lío, <b>Lamine tuvo la última del tiempo reglamentario</b> con una falta que se colaba ajustada al palo, pero que el Dibu mandó a córner. </p><p>Hasta ahí llegaron los 90', sin un solo disparo a puerta de Argentina por primera vez en la historia en una final del Mundial. El partido se fue a la prórroga y España echó el resto por su segunda estrella, ya con <b>un Nico Williams que dio verticalidad a la Roja sobre el campo.</b> Su entrada cambió el partido, hasta el punto de que el gol de la victoria pudo ser suyo, pero se lo anularon por una inexistente falta previa de Mikel Merino. Sí llevó su nombre la asistencia: de cabeza dejó atrás un centro al segundo palo y <b>Ferran Torres la reventó a la red para adelantar a España en el 106'</b>. Contra las cuerdas, Argentina apretó para intentar llegar a los penaltis, pero España ató a Messi y <b>bordó la segunda estrella en su camiseta</b>.</p>