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Madrids arvsynd: människor visas upp som vilddjur

Huvudstadens kosmopolitiska tillstånd bör inte bara uppfyllas i dess nuvarande mångfald, det tvingar oss också att komma ihåg att år 1900 ställdes några inuiter ut på Retiro som exotiska varelser

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Publicerad av El Confidencial

5 september 2026, 05:00

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Rubrik

El pecado original de Madrid: humanos exhibidos como fieras

Beskrivning

La condición cosmopolita de la capital no debería complacerse únicamente en su diversidad presente, también obliga a recordar que en 1900 unos inuits fueron exhibidos en el Retiro como criaturas exóticas

Innehåll

<p>Descubr&iacute; leyendo <strong>Mapa</strong> de soledades, un estupendo ensayo de <strong>Juan G&oacute;mez B&aacute;rcena</strong>, que <strong><a href="https://blogs.elconfidencial.com/espana/madrid/caminemos-madrid/2025-09-07/si-madrid-hablase-de-si-misma-diria-que-quiere-crecer-y-llenarse-de-arboles-infinitos_4203396/">Madrid aloj&oacute; su propio zool&oacute;gico humano</a></strong>. No se trata de una met&aacute;fora retrospectiva <strong>ni de una exageraci&oacute;n moral </strong>con que juzgamos el pasado desde la superioridad del presente. No. Resulta que un<strong> grupo de inuits</strong> lleg&oacute; a la capital en marzo de 1900 y fue<strong> instalado al aire libre en los jardines del Retiro,</strong> muy cerca de la Casa de Fieras. El emplazamiento no pod&iacute;a resultar m&aacute;s elocuente. Los madrile&ntilde;os acud&iacute;an a contemplarlos con la misma curiosidad con que <strong>visitaban los animales del zool&oacute;gico.</strong></p><p>Se les construy&oacute;<strong> "una aut&eacute;ntica aldea esquimal".</strong> Las comillas pertenecen al lenguaje de la impostura y al de la prensa. Chozas confeccionadas con <strong>huesos de ballena y pieles de foca</strong>, mont&iacute;culos que simulaban la nieve, un peque&ntilde;o estanque donde pod&iacute;an representar<strong> una regata de kayaks</strong>. Y durante seis semanas, doce horas al d&iacute;a, aquellos seres humanos fueron obligados a<strong> interpretar el papel que Madrid esperaba de ellos</strong>. Curt&iacute;an pieles, tallaban arpones de marfil, arrastraban trineos por el c&eacute;sped, hubiera o no hubiera 30 grados. Incluso se celebr&oacute; un matrimonio esquimal ante el vecindario convertido en p&uacute;blico.</p><p>La escena impresiona menos por su extravagancia que por su proximidad. La fecha de 1900 no pertenece a la prehistoria. <strong>Madrid</strong> estrenaba el siglo <strong>XX</strong>, se electrificaba, ensanchaba sus avenidas, frecuentaba los caf&eacute;s, cultivaba la pretensi&oacute;n de una capital europea y <strong>se preparaba para la modernidad </strong>mientras unas personas eran exhibidas en el Retiro como <strong>vestigios de una humanidad inferior. </strong>El progreso t&eacute;cnico y la barbarie moral pod&iacute;an convivir perfectamente. Lo han hecho muchas veces.</p><p>Tiene sentido recordarlo ahora que Madrid ha adquirido una formidable condici&oacute;n cosmopolita. No porque alguna campa&ntilde;a institucional necesite proclamarla, sino porque basta caminar por <strong>Lavapi&eacute;s</strong>, Usera, <strong>Tetu&aacute;n</strong>, Carabanchel o <strong>el centro</strong> para comprobar que la ciudad se ha transformado en una conversaci&oacute;n de acentos, cocinas, religiones, costumbres y procedencias. Madrid posee precisamente <strong>la virtud de no preguntar</strong> demasiado de d&oacute;nde viene uno. Su identidad consiste en permitir que el reci&eacute;n llegado termine crey&eacute;ndose madrile&ntilde;o sin examen de ingreso ni certificado geneal&oacute;gico.</p><p><a class="related-link" href="https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2025-11-23/madrid-barrios-diversidad-multiculturalidad-1hms_4249599/"><img class="img-related-preview" src="https://www.ecestaticos.com/imagestatic/clipping/4c2/8cf/4c28cfd19a642edd2d722eaed439cce4/mejor-la-madrid-mestiza-que-la-postal-idealizada-del-pasado.jpg?mtime=1763470203" width="483" height="271"><h3 class="title-related">Mejor la Madrid mestiza que la postal idealizada del pasado</h3>Rub&eacute;n Am&oacute;n<div class="text-related">Feij&oacute;o clama contra el peligro de los "barrios irreconocibles" como si la llegada de inmigrantes los hubieran desfigurado, cuando ha sucedido lo contrario</div></a></p><p><strong>Ese car&aacute;cter abierto</strong> tampoco merece idealizaciones. Las ciudades no poseen virtudes hereditarias. Las conquistan, las pierden y pueden traicionarlas. La tolerancia no se transmite como el color de los ojos. <strong>Necesita una vigilancia permanente</strong>, sobre todo cuando las <strong>dificultades econ&oacute;micas</strong>, la inseguridad o el oportunismo pol&iacute;tico proporcionan a la xenofobia el combustible que siempre anda buscando para viralizarse.</p><p>Por eso adquiere tanta importancia <strong>aquella aldea esquimal del Retiro</strong>. Constituye una especie de <a href="https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2026-05-05/madrid-retiro-viento-pulmon-verde-1qrt-1tna_4350049/" target="_self">pecado original del cosmopolitismo madrile&ntilde;o</a>. Nos recuerda de d&oacute;nde venimos y, sobre todo, ad&oacute;nde podemos regresar. El racismo empieza mucho antes de la violencia. Lo hace cuando <strong>una persona se desprende</strong> de <strong>la condici&oacute;n de persona</strong> y se transforma en <strong>una categor&iacute;a</strong>. El moro. El negro. El sudaca. El mena. El inmigrante. Exactamente el mismo procedimiento intelectual que redujo a <strong>Tapikapimick</strong> y a <strong>Soriach</strong> &mdash;as&iacute; aparecen nombrados los novios de aquella boda&mdash; a la condici&oacute;n pintoresca de "esquimales".</p><p><a class="related-link" href="https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2026-04-19/el-metropolis-toca-el-cielo-como-templo-hedonista_4340118/"><img class="img-related-preview" src="https://www.ecestaticos.com/imagestatic/clipping/6e4/70c/6e470cc495b380f1a87effaa793db912/el-metropolis-toca-el-cielo-como-templo-hedonista.jpg?mtime=1776418416" width="483" height="271"><h3 class="title-related"> El Metr&oacute;polis toca el cielo como templo hedonista</h3>Rub&eacute;n Am&oacute;n<div class="text-related">La reapertura de su interior en un hermoso laberinto de restaurantes, habitaciones de lujo y barras superdotadas convierte el edificio m&aacute;s emblem&aacute;tico de Gran V&iacute;a en un espacio para "abandonarse"</div></a></p><p>No conviene tampoco consolarnos pensando que<strong> semejante monstruosidad pertenece a una &eacute;poca remota y superada</strong>. Cada generaci&oacute;n inventa vocabularios m&aacute;s sofisticados para recuperar <strong>prejuicios antiguos.</strong> Ya no se levantan chozas de huesos de ballena en <strong>el Retiro</strong> ni se cobra entrada para observar ind&iacute;genas. Basta a veces una pantalla, una consigna, un bulo, una generalizaci&oacute;n<strong> pronunciada con aspecto de argumento estad&iacute;stico</strong>. La deshumanizaci&oacute;n ha mejorado much&iacute;simo sus instrumentos.</p><p>Madrid puede enorgullecerse de haberse convertido en <strong>una ciudad mestiza, permeable </strong>y promiscua. <strong>Pero el orgullo resulta m&aacute;s saludable</strong> cuando <strong>incorpora memoria</strong>. Aquellos inuits del <a href="https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2026-04-12/retiro-emblematicos-jardines-madrid-siglo-1qrt-1tna_4335960/" target="_self">Retiro no desmienten el Madrid cosmopolita</a>. Lo comprometen. Nos obligan a comprender que la <strong>hospitalidad no consiste &uacute;nicamente</strong> en celebrar la diversidad cuando resulta pintoresca, gastron&oacute;mica o rentable, sino en reconocer al extra&ntilde;o cuando deja de divertirnos, cuando compite con nosotros, cuando incomoda, cuando reclama <strong>exactamente los mismos derechos</strong>.</p><p>Quiz&aacute; por eso deber&iacute;amos conocer mejor <strong>la historia de aquellos visitantes involuntarios</strong>. No para flagelarnos por los <strong>pecados de nuestros bisabuelos</strong>, sino para impedir que <strong>vuelvan disfrazados de sentido com&uacute;n</strong>. Madrid los mir&oacute; entonces como fieras. Recordarlo ahora deber&iacute;a vacunarnos contra la tentaci&oacute;n de volver a mirar a nadie de esa manera.</p><img src="https://sb.scorecardresearch.com/b?c1=2&amp;c2=7215267&amp;ns__t=1788782420&amp;ns_c=UTF-8&amp;c8=Espa%C3%B1a&amp;c7=https%3A%2F%2Frss.elconfidencial.com%2Fespana%2F&amp;c9=https%3A%2F%2Fwww.elconfidencial.com%2F" width="1" height="1">
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