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<p>"Ningún país extranjero puede interferir en las elecciones húngaras. Este es nuestro país. <b>La historia húngara no se escribe en Washington, Moscú o Bruselas: se escribe en las calles y plazas de Hungría</b>". Ese mensaje ha salido de la boca de <b>Peter Magyar </b>durante la campaña electoral y ha conseguido este domingo, a sus 45 años, derrotar de forma aplastante a Viktor Orbán y deshacer un régimen que llevaba casi dos décadas en el poder. Dijo que sabía cómo hacerlo y lo ha conseguido. Magyar fue alto cargo dentro del Gobierno y tuvo además una ventaja que no tuvieron otros que intentaron lo mismo: ha sido capaz de 'robarle' a Orbán el voto conservador.</p><p>Ahora, la gran pregunta que se hace mucha gente fuera de Hungría es la lógica: <b>¿quién es Peter Magyar?</b></p><p>Su perfil camina entre Budapest y Bruselas, y eso es lo que ha ido mosqueando poco a poco a Fidesz. No renuncia a las bases conservadoras que han hecho ganar a Orbán durante todos estos años: <b>tiene una política migratoria dura, y su discurso también es nacionalista</b>, pero ya ha asegurado que la vía del veto constante en la UE se terminará con él en el poder. Además, se ha mostrado a favor -con matices- de la ayuda a Ucrania. Frente a Orbán, Magyar ni tiene ni muestra ramalazos prorrusos. Y conoce bien los pasillos de la capital comunitaria: es eurodiputado desde 2024 pero incluso en la órbita del actual primer ministro ya trabajó como asesor con el bloque.</p><p>Peter Magyar surgió de los círculos más íntimos del poder en Hungría, habiendo crecido en una familia con profundas raíces en la élite intelectual y jurídica del país. Durante años, fue un funcionario de nivel medio dentro del partido gobernante Fidesz y estuvo casado con la entonces Ministra de Justicia, Judit Varga. Su salto a la relevancia pública ocurrió tras divulgar <b>una grabación secreta en la que Varga detallaba supuestas interferencias gubernamentales en casos de corrupción</b>, lo que lo transformó de un conocedor del sistema en su crítico más feroz.</p><p>Tras su ruptura con el gobierno, Magyar canalizó el descontento social a través del partido Tisza, convirtiéndolo en una plataforma para aquellos que buscan poner fin a la hegemonía de Viktor Orbán<span></span><span></span>. El movimiento creció con rapidez, funcionando inicialmente como una organización ágil que logró <b>un avance histórico en las elecciones al Parlamento Europeo de hace dos años, donde obtuvo casi el 30% de los votos</b><span></span><span></span>. Su capacidad para movilizar a decenas de miles de personas en las calles lo consolidó como la amenaza más seria al liderazgo de Orbán en más de una década, y ahora ya también como su verdugo<span></span><span></span>.</p><p>A pesar de liderar a la oposición, Magyar sigue siendo una figura polarizadora debido a su pasado en el sistema Fidesz y a sus posturas conservadoras en temas como la migración y el conflicto en Ucrania<span></span>. Promete <b>combatir la corrupción estructural y restaurar las normas democráticas en el país</b>, lo que le ha permitido atraer a votantes de todo el espectro político que están desencantados con el rumbo actual de la nación<span></span><span></span>. Su mensaje se centra en presentarse como alguien que conoce el funcionamiento interno del régimen y, por lo tanto, posee la capacidad única de vencerlo, como ha hecho, y ahora de desmontarlo, como esperan sus votantes<span></span><span></span>.</p><p>Para quienes le elogian, ese es el principal motivo de su buen hacer en las encuestas: puede derrotar a Orbán porque sabe cuáles son sus puntos débiles. En el capítulo de elogios, las fuentes consultadas por <b><i>20minutos</i></b> en Bruselas le definen <b>como cauto, coherente, correcto, de buen discurso y que desde lo técnico ha armado un perfil político potente</b>... y con paciencia. Lo cierto es que en la campaña ha reducido su posibilidad de error porque por ejemplo no ha concedido entrevistas a medios internacionales.</p><p>Pero Peter Magyar también tiene críticos y hay datos que no juegan a su favor. Su actividad en la Eurocámara desde que ocupa un asiento en ella ha sido casi nula, aunque las apariciones han aumentado a medida que las elecciones se acercaban. <b>Es vicepresidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales del Parlamento Europeo</b>, y también miembro de la Comisión de Agricultura y Desarrollo Rural, de la Delegación en la Asamblea Parlamentaria de Asociación UE-Reino Unido y de Delegación para las Relaciones con los Estados Unidos, que está siendo clave en esta legislatura. No obstante, las fuentes parlamentarias consultadas por este medio <b>no se atreven a definirle demasiado precisamente por esa ausencia tan marcada</b> en el día a día de la institución. Su misión ahora es otra, reconocen.</p><p>¿Con quién se puede comparar a Peter Magyar? <b>Aunque suene raro, con el primer Viktor Orbán</b>. A muchos les recuerda a ese joven que se rebeló ante el comunismo para acabar siendo primer ministro; una figura carismática contra un régimen, y eso es lo que busca ser ahora Magyar. Ha acabado con 16 años de lo que ha sido un régimen de mano de hierro antieuropeo y prorruso, con una dinámica que se ha agudizado en los últimos tiempos. Además, el foco se ha puesto ya en la lucha contra la corrupción, la misma que prometió Orbán en sus primeros tiempos en el cargo.</p><p>Ha ganado y ha conseguido lo que otros intentaron sin suerte. "¡Gracias, Hungría!", proclamó este domingo. Peter Magyar no es el candidato perfecto y tiene muchos críticos, incluso entre quienes reconocen que le van a votar porque precisamente el haber estado dentro de las dinámicas de Fidesz le respaldan para saber cómo resolver los problemas de Hungría. Pero para eso necesitará dos cosas, como él mismo ha reconocido en campaña: muchos votos y tiempo. <b>Lo primero lo ha logrado, ahora empieza la segunda parte.</b></p>