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<p>La acampada por la vivienda en la Puerta del Sol de Madrid ha crecido durante el fin de semana hasta ocupar este lunes toda el área central de la plaza, donde<b> prácticamente es imposible instalar una nueva tienda</b> de campaña. Entre caras de sueño e ilusión han amanecido este lunes los acampados, en su mayoría jóvenes, que aseguran estar dispuestos a aguantar "hasta que haga falta" para que las instituciones tomen medidas de calado para hacer frente al problema habitacional.</p><p>Algunos han madrugado para ir a trabajar antes de regresar por la tarde a su tienda de campaña. Es el caso de Nuria, una joven de 26 años de Algeciras. "Me tengo que ir ahora mismo a trabajar y no he dormido nada, porque me cuesta dormir fuera de casa, pero <b>tengo mucho aguante y voy a seguir aquí"</b>, dice mientras recoge su mochila del suelo. Ella no tiene tienda de campaña y ha dormido al raso, como muchos otros asistentes. "Yo venía solo con una manta y un cojín, pero el ambiente de comunidad que hay aquí es increíble. La gente no para de traernos cosas. A mí me han regalado un colchón con su hinchador y un saco de dormir", explica.</p><p>"Estamos viendo mucha solidaridad de la gente, que no solo trae comida y agua, también productos de higiene, betadine, vendas, compresas, etc. <b>Estamos todos con el agua al cuello</b> y nos estamos uniendo para darnos apoyo y eso es muy bonito", dice su compañero Hernando, que también destaca la "buena organización" por parte del Sindicato de Inquilinas, que lidera esta concentración, junto a muchas otras asociaciones y plataformas vecinales.</p><p>De hecho, en el centro de la plaza se han instalado carpas en las que varios voluntarios empiezan a primera hora de la mañana a preparar el desayuno para los asistentes. Lo hacen aprovechando toda la comida y bebida que ha donado la gente. "Aquí hay de todo. Tienen café, zumos, yogures y <b>hasta opciones de comida sin gluten y vegetariana</b> o para gente que tiene intolerancias", dice Hernando.</p><p>Una de esas voluntarias que está preparando unos sándwiches de humus es Xess, de 33 años. Es de Barcelona, pero lleva cuatro años afincada en Madrid. "Esta noche me he ido a dormir a casa porque ya no podía más, pero este lunes <b>he vuelto a las 8 de la mañana para ayudar con los desayunos </b>y hoy volveré a dormir en la tienda", explica mientras unta unas rebanadas de pan: "Tenemos mucho embutido que ha traído la gente, bollería, leche, café... todos los que se levantan y quieren desayunar pueden hacer fila y coger lo que quieran. La ayuda de la gente es de agradecer porque estar aquí no es fácil. Se duerme mal, el suelo está duro y hay mucho ruido". A su lado, David, de 25 años, está cortando en rodajas una enorme sandía: "Me ha despertado la tele, que estaba haciendo una entrevista al lado de mi tienda, y he dicho, venga, voy a ayudar un poco con los desayunos. Llevo desde primera hora de la mañana cortando sandía y melón", bromea.</p><p>La presencia de medios de comunicación es más que patente y son muchas las cámaras de televisión y micrófonos que intentan sortear la maraña de tiendas de campaña instaladas en la Puerta del Sol: la densidad es tan alta que llega a ser complicado atravesar la plaza. Según los asistentes, hay hasta 500 personas acampadas, aunque con mucha rotación porque "unos se van a descansar en algún momento y otros vuelven". El ambiente es muy bueno y apenas se ve presencia de la Policía Nacional o municipal, aunque fuentes policiales indican que "hay <b>bastantes agentes de la secreta vestidos de paisano</b> que controlan la plaza y las calles aledañas". Inciden, eso sí, en que no se han registrado incidentes y cifran en unos 350 los acampados.</p><h2>Pequeña discusión con un propietario</h2><p>Nuria, Robert, Miguel, Ángel, Fiona y Jimena son un grupo de veinteañeros que se han conocido en la acampada y llevan desde el sábado instalados en Sol. Piden una congelación de los alquileres y la prohibición de los desahucios, pero sobre todo "que haya una reacción" por parte del Gobierno y <b>"que este martes se apruebe el nuevo decreto de vivienda"</b>. "No esperamos que la crisis de vivienda se solucione de un día para otro, no somos ilusos y sabemos que no hay un solo culpable, pero queremos ver una reacción y por eso estamos aquí", dice Jimena, de solo 22 años. </p><p>"Para mí lo fundamental es que no haya desahucios, que no se pueda echar a una persona a la calle porque la vivienda es un derecho. Hay desahucios todos los días, pero <b>el de Maricarmen ha sido la gota que ha colmado el vaso </b>y el que ha provocado esta reacción de la gente", dice Ángel. En ese momento, interrumpe Tomás, un propietario de 61 años que estaba escuchando la conversación: "Yo entiendo perfectamente que el precio de la vivienda se ha vuelto inaccesible y apoyo vuestra reivindicación, pero no se habla de los problemas que tenemos los propietarios y lo difícil que es desahuciar a un inquilino que no te paga. Yo tuve un piso alquilado a una pareja joven, como vosotros, y cuando no me podían pagar, les aplazaba las mensualidades, me porté muy bien con ellos, pero al final me acabaron destrozando el piso. Me costó 25.000 euros cuando cuando yo no tenía ni un duro", afirma.</p><p>Empieza entonces un debate entre los acampados y este propietario, muy correcto por ambas partes, en el que Tomás reprocha a los jóvenes que no se movilicen para defender también los derechos de los arrendadores. "Yo puedo entender esa parte de la problemática, pero creo que es un problema mucho menor comparado con el de no tener casa", dice Miguel. "Oiga, <b>cuando sea la movilización de los propietarios</b>, movilícese usted, porque yo no soy propietaria y me manifiesto por lo que a mí me afecta, que son los precios de los alquileres y los desahucios", enfatiza Jimena. </p><p>El pequeño debate es en todo momento constructivo y al final se despiden con una sonrisa. "No tengo nada contra los pequeños propietarios que tienen dos o tres propiedades que se han ganado con el sudor de su frente; el problema<b> es con aquellos que especulan con la vivienda</b>, con las grandes corporaciones y con los propietarios que tienen 25 pisos y viven de las rentas", subraya Ángel.</p><p>Los acampados recalcan que la gran mayoría de gente que se acerca a Sol "es muy agradable" con ellos y "apoya" sus reivindicaciones. "Siempre hay algún borracho que pasa a mitad de noche y<b> se pone a gritar o algún grupito que nos grita 'poneros a trabajar'</b>, pero son casos muy puntuales comparados con la enorme ola de solidaridad de la gente", dicen.</p><p>A la acampada también se han sumado reivindicaciones muy variopintas, desde activistas propalestinos a profesoras de educación infantil en huelga, pasando por activistas anarquistas o, incluso, defensores de la okupación. También son muchas las plataformas vecinales de barrios de Madrid que están presentes. Alba de Vicente representa al sindicato del barrio de Hortaleza y <b>aprovecha la mañana para teletrabajar con un portátil</b> después de haber pasado la noche en la tienda. "Yo soy abogada laboralista y tengo suerte de que puedo teletrabajar desde aquí, pero mucha gente tiene que irse al trabajo y luego volver. Hay gente que está haciendo muchos esfuerzos para estar aquí porque cada uno tiene su propia realidad".</p><p>A pesar del buen ambiente y los ánimos elevados, asegura que "no es fácil" estar acampado en Sol: "Solo para ir al baño tienes que buscarte un poco la vida. La gente nos trae papel higiénico y<b> solemos ir a los bares y restaurantes de la zona</b>, que no nos están poniendo problemas. Esta noche había cola para entrar al baño del Burger King a las 2.00 h de la mañana, pero para ducharte y asearte un poco ya tienes que estar yendo y viniendo a tu casa". Eso sí, también destaca el apoyo que están recibiendo de la gente y las donaciones altruistas que reciben y que su plataforma se encarga de gestionar: "Ha venido personas a traernos una olla de espaguetis o unos macarrones que habían cocinado en su casa. Y no viven precisamente cerca porque aquí en Sol la vivienda está prohibitiva, esa gente viene desde barrios lejanos de Madrid a traernos una olla de comida".</p><p>De Vicente defiende que "habría que prohibir todos los desahucios" como medida de choque "hasta que no haya una solución al problema de la vivienda". "Los alquileres están imposibles y las administraciones ya tienen la <b>obligación de ofrecer una alternativa habitacional </b>cuando alguien no puede pagar su piso, pero eso no se está cumpliendo, así que la medida ideal sería paralizar todos los desahucios, no solo a las personas vulnerables", dice.</p>